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8 de octubre de 2010

Nacer para consumir? No!


Maximizar los beneficios empresariales en el largo plazo requiere construir y extender un estilo de vida vertebrado a partir del consumo. Eso exige que la publicidad y los media sean agentes de educación y socialización primaria. Para incorporarse a la sociedad de consumo, la ciudadanía del futuro necesita ser socializada, ante todo, como clase consumidora. Por eso, niños y niñas constituyen un público objetivo esencial para la publicidad.
Tienen un carácter estratégico como audiencia presente, ya que ejercen un fuerte influjo sobre las decisiones de compra de los adultos: según The Economist los menores de 14 años influyen en el 47% del gasto familiar. Y también hay que pensar en el futuro: “se trata de que el niño se vaya familiarizando con el logo de BMW, que lo vea cuando vea el coche de su padre, y al cabo de los años sea él mismo quien se compre el coche...”1.
El nivel de exposición de los menores a los medios de comunicación y la publicidad es mayor que el tiempo dedicado a los estudios. Nacer y crecer, comiendo, bebiendo, mirando, sintiendo y respirando publicidad puede asegurar la continuidad del modelo en el futuro. Fabricar consumidores y consumidoras en serie requiere moldeamiento, educación y transmisión de valores individualistas.

El consumidor no nace, se hace.


1. Amanda Mars, “Cómo crear futuros conductores de BMW”, El
País, 27 de abril de 2008.




Extraído de ConsumeHastaMorir

2 de marzo de 2010

La publicidad que no vende productos



Antes era una anécdota en el intermedio de cualquier película televisada y ahora hace rentable la emisión de multitud de programas y series de televisión; antes era un subproducto meramente comercial, ahora es el motivo de lujosos festivales con pretensiones artísticas. Ahora que la publicidad se vende por sí misma en colecciones de DVD en tu kiosko más cercano y es capaz de crear eventos, festivales y películas, de eliminar revistas y programas de radio o de censurar noticiarios, ahora la publicidad no está interesada en vender productos.

En EEUU, la publicidad de primeros de siglo será uno de los procesos esenciales para que la ideología puritana del ahorro se convierta en la de la familia feliz consumista de los años 20. Y aún tras la crisis del 29, transmitirá los valores de un consumo patriótico como remedio ante todos los males. Aunque lógicamente cada marca intenta distinguirse del resto para ganar clientes, el poder ideológico de la publicidad empezó a residir en lo que las une: en los códigos éticos, usos y costumbres, modas y deseos que uno tras otro, los anuncios transmiten. Cada mensaje publicitario, en la medida en que intenta satisfacer su propio interés comercial, confluye con el resto de los mensajes para conformar un espejo social, un sistema de representaciones que sirve de referente y en el que los consumidores nos comparamos.

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3 de febrero de 2010

Contrapublicidad


Es tiempo de abrir los ojos: la publicidad no es más que la expresión pública del potencial económico de ciertas empresas y las elites dominantes, el lenguaje que éstas utilizan para conducir nuestras necesidades y nuestros deseos hacia ciertos modelos de vida pre-elaborados, hacia niveles de consumo que posibilitan y consolidan su hegemonía, y en definitiva, hacia la perpetuación de una sociedad desigual, social y ambientalmente explotadora.

Creemos que la publicidad, tal como la conocemos, es preponderantemente propaganda ideológica, el vehículo predilecto de los poderosos para inocular una ideología, unos valores y unos estilos de vida en las sociedades, con lo que consiguen anestesiar la capacidad crítica de consumo de la gente, distraerlas y manipular sus conductas de acuerdo a sus intereses.

Las elites globalistas de poder y sus empresas trasnacionales han logrado avasallar las soberanías nacionales, corromperlas e imponer un sistema global legalizado que ya sólo existe para facilitar sus operaciones. Desde esta posición de dominio absoluto, las corporaciones se han lanzado al proyecto no sólo de controlar el poder y el dinero, sino las mentes de todos. A través de una publicidad que ya no vende productos, sino estilos de vida, y que se reproduce en todos los rincones de nuestra existencia, las multinacionales se han propuesto ocupar antes que nada el espacio mental de las personas hasta el punto de que ya no tengan capacidad de decisión autónoma.


Julián Pellegrini - Proyecto Squatters