8 de octubre de 2010

Nacer para consumir? No!


Maximizar los beneficios empresariales en el largo plazo requiere construir y extender un estilo de vida vertebrado a partir del consumo. Eso exige que la publicidad y los media sean agentes de educación y socialización primaria. Para incorporarse a la sociedad de consumo, la ciudadanía del futuro necesita ser socializada, ante todo, como clase consumidora. Por eso, niños y niñas constituyen un público objetivo esencial para la publicidad.
Tienen un carácter estratégico como audiencia presente, ya que ejercen un fuerte influjo sobre las decisiones de compra de los adultos: según The Economist los menores de 14 años influyen en el 47% del gasto familiar. Y también hay que pensar en el futuro: “se trata de que el niño se vaya familiarizando con el logo de BMW, que lo vea cuando vea el coche de su padre, y al cabo de los años sea él mismo quien se compre el coche...”1.
El nivel de exposición de los menores a los medios de comunicación y la publicidad es mayor que el tiempo dedicado a los estudios. Nacer y crecer, comiendo, bebiendo, mirando, sintiendo y respirando publicidad puede asegurar la continuidad del modelo en el futuro. Fabricar consumidores y consumidoras en serie requiere moldeamiento, educación y transmisión de valores individualistas.

El consumidor no nace, se hace.


1. Amanda Mars, “Cómo crear futuros conductores de BMW”, El
País, 27 de abril de 2008.




Extraído de ConsumeHastaMorir

5 de octubre de 2010

Los valores tradicionales



Entre Guevara y Mishima, entre un intelectual sudamericano que busca la muerte bella en el surco de los libertadores y de los caudillos del período romántico de la independencia y el escritor japonés que reivindica para su harakiri espectacular, la ética del heroísmo, existe una fidelidad común a los valores tradicionales.

Ludovico Garrucio, Momentos de la experiencia política latinoamericana. Tres ensayos sobre el populismo y milicia en la América Latina, Bolonia 1974.

4 de octubre de 2010

Un cambio universal de actitud


Si las tendencias reprimidas de la sombra no fuesen más que malas, no habría problema alguno. Pero, de ordinario, la sombra es tan solo mezquina, inadecuada y molesta, y no absolutamente mala. Asimismo contiene propiedades pueriles o primitivas que en cierto modo vivificarían y embellecerían la existencia humana; mas choca uno con las reglas tradicionales. El público culto -flor y nata de nuestra civilización actual- hállase un tanto separado de sus raíces y en vías de perder su conexión con la tierra. En la actualidad son contados los países civilizados cuyas capas de población inferiores no se encuentran en un inquieto estado de conflictos de opinión. En muchas naciones europeas este temple se apodera también de las capas superiores. Tal estado de cosas exhibe, en escala aumentada, nuestro problema psicológico, pues las colectividades no son sino acumulaciones de problemas individuales. Una parte se identifica con el hombre superior, y no puede descender, en tanto la otra, identificada con el hombre inferior, desea asomar a la superficie.
Tales problemas nunca se solucionan mediante legislación o artimañas, solo puede resólverselos mediante un cambio universal de actitud. Y este cambio no se emprende con propaganda o mitines de masas, o menos aún, con la fuerza. Se incia con la transformación interior del individuo. Producirá sus efectos en forma de una alteración de sus inclinaciones y antípatias personales, de su concepción de la vida y de sus valores, y sólo el acopio de esos cambios individuales traerá la solución colectiva.

Carl Gustav Jung "Psicología y Religion" (Buenos Aires, Paidós 2008) pp. 128-129

1 de octubre de 2010

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